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sábado, julio 19, 2008

Delft | Den Haag | Amsterdam


Diez días bastaron para recorrer Holanda, y cuatro para recorrer algunos de los museos más lindos de Europa. La visita arrancó así: primero en Delft, la ciudad de los Orange, la ciudad de la porcelana azul y la ciudad de Johannes Vermeer ( 1632-75). Ésta ciudad cuenta con su estudio ahora convertido en museo, donde Vermeer realizaba todos sus trabajos. Es algo raro visitar su museo y no ver sus obras, pero estar dentro de éste te hace cambiar la manera de pensar.
En éste museo, situado en el número 21 de la calle Voldersgratch en la ciudad hermosa de Delft, cuenta con un piso entero dedicado al método de trabajo de Vermeer. Dedicado exclusivamente al Know How de sus obras maestras, esas llenas de luz, de armonía y de tranquilidad. Es increíble también ver su paleta acotada (no usaba mas de cuatro colores).
En éste mismo piso gigantesco también pude ver como J.Vermeer hacía uso de los colores y de las perspectivas a través de la cámara obscura instalada en el salón.
Sin lugar a dudas Vermeer fue para mí como para los holandeses en su Golden Age, el mejor de todos.

Así fue y como debía ser que después de estudiar al maestro de la luz en Delft, me fui inmediatamente e impaciente hacia el Mauritshuis de La Haya.
The Girl with the Pearl Earring era la estrella, estaba ahí mirando a todo el que pasaba, esos ojos negros y esos labios todavía recién pintados... Me dio la sensación de que quería mis besos.
A su lado dos obras más de Vermeer. Yo, ya más tranquilo, pude ver el casi el 10% de sus 34 obras conocidas.
Pero esa recorrida no fue sólo para ver al artista de Delft, La Lección de Anatomía del Dr. Nicolaes Tulp de Rembrandt me desafiaba. Me pedía que comience a ver sus auto-retratos, y ya comenzaron sus contemporaneos Potter y Jan Steen, las obras de los del sur de Holanda: los maestros flamencos del siglo XVII con Rubens y Van Dyck a la cabeza también quisieron ser protagonistas.
Como siempre, a uno en estos lugares no le alcanza el tiempo.

Por último llegaron los museos de la casa mayor: Amsterdam y el Rijks Museum y el imponente Museo Van Gogh.
En el Rijks encontré o descubrí algo nuevo para mí. Hubo una obra muy chiquita de apenas 32 x 27 cm. que me encantó, la obra se llama La Niña Enferma de Gabriel Metsu y cada vez que la miraba descubría nuevas cosas: La obra está dividida en dos por una diagonal equilibrando la composición. Un lado desaturado y frío y por el otro colorido y cálido.
Sólo con esa obra fue demasiado. Ahora pienso ¿y con La Ronda de Noche de Rembrandt que hacemos? ¿O con las demás obras de Vermeer que ya vi un total de 7/34!?

Y el último: el Van Gogh. Era para mi el que menos me llamaba la atención de los cuatro. Pero debo decir que fue uno de los que más me gustó.
¿por que? Porque a través de las salas se puede seguir la historia de este personaje sin pasar por alto ningún detalle. El museo esta tan bien curado que todo se hace fácil de entender; su locura, su amor por su hermano, los celos con los pintores de su época, su amor por el arte japonés (punto en el cual me sorprendí) y por su locura.
También entendí por que su obra Los Comedores de Patatas fue su única obra donde él SI quería hacer una obra maestra.

+ Me gustó The Girl with the Pearl Earring entonces miré esta película
+ Me gustó La Lección de Anatomía del Dr. Nicolaes Tulp pero antes vi esta foto por los 400 años de Rembrandt por Marcos Lopez. Expuesta en el MNBA. Argentina 2005.

domingo, marzo 04, 2007

Pequeño texto sobre la perspectiva.



Picasso y la fórmula de Cezanne.


Monsieur Ambroise Vollard, célebre vendedor de cuadros, amigo y conocido de todos los pintores famosos de Paris, estaba posando en cierta ocasión para Pablo Picasso.
Era una mañana de 1909, tres años después de haber muerto Paul Cezanne.
Picasso atravesaba entonces su época cubista. Embebido en esa manera de pintar, fruncía el entrecejo tratando de ver el rostro de Monsieur Ambroise ángulos, cuadriláteros y cubos.
Vollard parecía compartir el aire ceñudo del pintor.
Picasso se dio cuenta.
-¿Preocupado?- Preguntó.
-No; pensaba.
Se levanto, fue junto a la ventana y miró afuera.
- Recordaba al pobre Cézanne,. me pintó, como usted, de frente. También por amistad, como todos. Solía venir a la trastienda con Monet, Guillaumin, renoir, y Sisley, el grupo más famoso de pintores que jamás ha tenido Francia: Los Impresionistas.
-Cézanne acabño por renegar de todos,- terció Picasso.
-Sí, tenía ideas propias y un carácter ferozmente antisocial.
Y añadió, volviéndose, señalando el retrato pintado por Picasso:
-¡Ah, pero usted le debe su cubismo!
-La famosa fórmula de Cézanne- subrayó Picasso, arrastrando sus palabras.
-Sí, yo se la oí muchas veces. Sus enemigos la recitaban imitando su tosco ademán y su acento provenzal: "Muchachos; todo el truco está en reducir la forma de los objetos, a la forma del cubo, el cilindro y la esfera."
Hubo un largo silencio. Vollard se sentó otra vez ante Picasso y siguió hablando con su voz persuasiva de viejo vendedor de cuadros:
-Decía que las cosas, como las personas, tienen piel. Que debajo de esa piel siempre existe un esqueleto formado por un cubo, un cilindro o una esfera.
Levantó las cejas interrogando a Picasso, Picasso asintió con la cabeza.
-Tenía razón- subrrayó.
Y miró otra vez el rostro de Vollard tratando de ver en él ángulos, cuadriláteros y cubos.

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El paso del tiempo ha historiado el cubismo sólo como una experiencia que permitió el salto de a nuevos estilos. Pero ha dejado inconmovible la afortunada fórmula de Cézanne:

"Muchachos; todo el truco está en reducir la forma de los objetos, a la forma del cubo, el cilindro y la esfera."


Textro extraído del libro Cómo dibujar en perspectiva.